domingo, 18 de octubre de 2015

Un Curso en Milagros con Micael de Nebadon. Capítulo 7. LOS REGALOS DEL REINO. De la vigilancia a la paz (Parte 3). ¡Compartir!



El cuerpo es está hecho de Vida pura, es tu instrumento de expresión en este mundo. Sin embargo, cada uno está fusionando los instrumentos mortales del cuerpo y de la mente, emociones y alma, personalidad y carácter, en el Espíritu del Paraíso Quien ha tomado Su residencia en el interior.

Debes, así como es requerido por la Ley Universal, dar tiempo y esfuerzo, tus devociones y dedicaciones, tu libre albedrío humano, reconocimiento y adoración… a la Vida del Paraíso, el Pariente en el interior… a Su Espíritu de Eternidad… Quien ha venido a fusionarse con lo Eterno… para desposarte en la sagrada iniciación de la novia y del novio volviéndose uno con la expiación.

No permitas que tu consciencia more en las cosas efímeras de las apariencias mundanas, amados. Yo te digo esto para tu propia benevolencia. Eleva tu atención y adoración, tu reconocimiento y aprecio, a la Llama de la Vida que reside dentro de ti.

Micael de Nebadon


Capítulo 7
LOS REGALOS DEL REINO
De la vigilancia a la paz (Parte 3)

Tu mente está dividiendo su lealtad entre dos reinos, y tú no te has comprometido completamente con ninguno de ellos. Tu identificación con el Reino de Dios es incuestionable, y sólo tú pones en duda este hecho cuando piensas irracionalmente. Lo que tú eres no lo establece tu percepción ni se ve afectado en modo alguno por ella. Cualquier problema de identificación, independientemente del nivel en que se perciba, no es un problema que tenga que ver con hechos reales. Es un problema que procede de una falta de entendimiento, puesto que su sola presencia implica que albergas la creencia de que es a ti a quien le corresponde decidir lo que eres. El ego cree esto ciegamente, al estar completamente comprometido a ello. Pero no es verdad. El ego, por lo tanto, está completamente comprometido a lo falso, y lo que percibe es lo opuesto a lo que percibe el Espíritu Santo, así como al conocimiento de Dios.

Puesto que tu Ser es el conocimiento de Dios, la percepción que el Espíritu Santo tiene de ti es la única que tiene significado. Cualquier creencia que aceptes aparte de ésta acallará la Voz de Dios en ti y te ocultará a Dios. No podrás conocer al Creador a menos que percibas Su creación tal como es, ya que Dios y Su creación no están separados. La unidad que existe entre el Creador y la creación constituye tu plenitud, tu cordura y tu poder ilimitado. Este poder ilimitado es el regalo que Dios te hace porque eso es lo que eres. Si separas tu mente de dicho poder, no podrás sino percibir la fuerza más grande del universo como si fuese débil, ya que no creerás formar parte de ella.

Cuando percibes a la creación como que tú no formas parte de ella, la consideras débil, y los que se consideran a sí mismos débiles, no pueden sino atacar. Mas el ataque tiene que ser ciego porque no hay nada que atacar. Por lo tanto, inventan imágenes, las perciben como despreciables y luego las atacan por su falta de valor. Esto es todo lo que el mundo del ego es: nada. No tiene sentido. No existe. No trates de entenderlo, porque si tratas de entenderlo, es que crees que se puede entender, y, por lo tanto, que se puede apreciar y amar. Eso justificaría su existencia, la cual es injustificable. Tú no puedes hacer que lo que no tiene sentido lo tenga. Eso no sería más que un intento demente.

Si permites que la locura se adentre en tu mente, es que has juzgado que la cordura no es algo enteramente deseable. Si deseas otra cosa, fabricarás otra cosa, pero al ser otra cosa, atacará tu sistema de pensamiento y dividirá tu lealtad. En ese estado de división no te será posible crear y tendrás que mantenerte alerta contra dicho estado porque lo único que se puede extender es la paz. Tu mente dividida está obstruyendo la extensión del Reino, y en la extensión de éste reside tu felicidad. Si no extiendes el Reino, es que no estás pensando con tu Creador ni creando como Él creó.

Ante esta deprimente situación, el Espíritu Santo te recuerda dulcemente que estás triste porque no estás llevando a cabo tu función de co-creador con Dios, y, por lo tanto, te estás privando a ti mismo de felicidad. Esto no es algo que Dios haya decidido, sino que fuiste tú quien lo decidió así. Si tu mente pudiese estar en desacuerdo con la de Dios, lo que tu voluntad dispusiese no tendría sentido. Sin embargo, puesto que la Voluntad de Dios es inalterable, no es posible ningún conflicto de voluntades. Ésta es la enseñanza perfectamente congruente del Espíritu Santo. La creación, no la separación, es tu voluntad porque es también la Voluntad de Dios, y nada que se oponga a ella tiene sentido en absoluto. Al ser una obra perfecta, la Filiación sólo puede obrar con perfección, extendiendo la dicha en la que fue creada e identificándose con su Creador y Sus creaciones, sabiendo que son uno y lo mismo.


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