jueves, 19 de noviembre de 2015

Un Curso en Milagros. Capítulo 9. LA ACEPTACIÓN DE LA EXPIACIÓN. La aceptación de la realidad (Parte 2.)Iniciativa Mundial y Misión Globlal de Micael de Nebadon. ¡Compartir!!!



Es el plan de la oscuridad… las hermandades caídas… de agarrar su atención y energías disfrazando la verdad del amor y de la vida. Es su plan agitar a los que verdaderamente buscan la verdad el amor y la libertad… hacia la desesperanza, desesperación y confusión, para que se cansen y verdaderamente busquen la verdad….

Así que, esta es la historia de la humanidad y aquellos que han venido de otros lugares en las galaxias para desviar vuestros verdaderos deseos, y para que queden atrapados dentro de la esclavitud de su mediocridad y angustia, los impulsos de la naturaleza inferior y las opiniones subjetivas sobre la verdad y Dios… Su Santo Camino que conduce a todos hacia su propia unión con Él.

Micael de Nebadon


Capítulo 9
LA ACEPTACIÓN DE LA EXPIACIÓN
La aceptación de la realidad (Parte 2)

He subrayado en muchas ocasiones que el Espíritu Santo nunca te pedirá que sacrifiques nada. Pero si te pides a ti mismo el sacrificio de la realidad, el Espíritu Santo tiene que recordarte que ésa no es la Voluntad de Dios porque no es la tuya. No hay diferencia alguna entre tu voluntad y la de Dios. Si tu mente no estuviese dividida reconocerías que ejercer tu voluntad es la salvación porque la salvación es comunicación.

Es imposible comunicarse utilizando lenguas diferentes. Tú y tu Creador podéis comunicaros por medio de la creación porque ésa, y sólo ésa, es vuestra Voluntad conjunta. Una mente dividida no se puede comunicar porque habla en nombre de cosas diferentes a la misma mente. Al hacer esto, pierde la capacidad de comunicarse porque una comunicación confusa sencillamente no tiene ningún sentido. Es imposible comunicar un mensaje a menos que tenga sentido. ¿Cuán sensatos pueden ser tus mensajes, cuando pides lo que no deseas? Sin embargo, mientras sigas teniendo miedo de tu voluntad, eso es precisamente lo que estarás pidiendo.

Tal vez insistas en que el Espíritu Santo no te contesta, pero quizá sería más prudente examinar qué clase de peticionario eres. No pides únicamente lo que deseas. Ello se debe a que temes recibirlo, y ciertamente lo recibirías. Por eso es por lo que se lo sigues pidiendo al maestro que no puede dártelo. De él nunca podrás aprender qué es lo que deseas, y esto te da una ilusión de seguridad. Sin embargo, no puedes estar a salvo de la verdad, sino que sólo puedes estar a salvo en la verdad. La realidad es tu única seguridad. Tu voluntad es tu salvación porque es la misma que la de Dios. La separación no es más que la creencia de que es diferente.

Ninguna mente recta podría creer que su voluntad es más fuerte que la de Dios. Si una mente cree que su voluntad es diferente de la de Él, entonces sólo puede concluir o bien que Dios no existe o bien que Su Voluntad es temible. La primera conclusión da lugar al ateo, y la segunda, al mártir, que cree que Dios exige sacrificios. Cualquiera de esas dos conclusiones dementes producirá pánico, ya que el ateo cree estar solo, y el mártir que Dios lo está crucificando. No obstante, nadie quiere sentirse abandonado o sufrir represalias, aunque es posible que muchos procuren ambas cosas. ¿Puedes acaso pedirle al Espíritu Santo semejantes "regalos" y esperar recibirlos? Él no puede darte lo que tú no deseas. Cuando le pides al Dador Universal lo que no quieres, le estás pidiendo lo que no se puede dar porque nunca se creó. Y nunca se creó porque nunca fue lo que tu voluntad dispuso para ti.


En última instancia todo el mundo tiene que recordar la Voluntad de Dios porque, en última instancia, todo el mundo tiene que reconocerse a sí mismo. Este reconocimiento es el reconocimiento de que su voluntad y la de Dios son una. En presencia de la verdad, no hay descreídos ni sacrificios. En la seguridad de la realidad, el miedo no tiene absolutamente ningún sentido. Negar lo que simplemente es, tan sólo puede dar la impresión de que es temible. El miedo no puede ser real sin una causa, y Dios es la única Causa. Dios es Amor y Él es ciertamente lo que tú deseas. Ésa es tu voluntad. Pide esto y se te concederá, porque estarás pidiendo únicamente lo que ya te pertenece.


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