lunes, 23 de noviembre de 2015

Un Curso en Milagros. Capítulo 9. LA ACEPTACIÓN DE LA EXPIACIÓN. La respuesta a la oración. (Parte 2). Inicitativa Mundal y Misión Global de Micael de Nebadon. ¡Compartir!!!


Bienaventurados son aquellos que cultivan la rectitud de carácter y consciencia construyendo una colaboración con el Padre del Paraíso dentro de ellos mismos… poniendo en movimiento la cooperación y consagración de su corazón y mente en su comunión diaria permanente con el Espíritu de la Perfección de la Trinidad del Paraíso, porque ellos serán rejuvenecidos en la Luz y el Conocimiento… ellos serán redimidos por su responsabilidad por los impulsos calificados constructivos de Amor y Perdón

Micael de Nebadon.


Capítulo 9
LA ACEPTACIÓN DE LA EXPIACIÓN
La respuesta a la oración (Parte 2)

Al igual que Dios, yo te quiero por razón de la verdad que mora en ti. Tal vez tus engaños te engañen a ti, pero a mí no me pueden engañar. Puesto que sé lo que eres, no puedo dudar de ti. Oigo sólo al Espíritu Santo en ti, Quien me habla a través de ti. Si me quieres oír, oye a mis hermanos en quienes la Voz que habla por Dios se expresa. La respuesta a todas tus oraciones reside en ellos. Recibirás la respuesta a medida que la oigas en todos tus hermanos. No escuches nada más, pues, de lo contrario, no estarás oyendo correctamente.

Cree en tus hermanos porque yo creo en ti, y aprenderás que está justificado que yo crea en ti. Cree en mí creyendo en ellos, en virtud de lo que Dios les dio. Te contestarán si aprendes a pedirles solamente la verdad. No pidas bendiciones sin bendecirlos, pues sólo de esta manera puedes aprender cuán bendito eres. Al seguir este camino estarás buscando la verdad en ti. Esto no es ir más allá de ti mismo, sino hacia ti mismo. Oye únicamente la Respuesta de Dios en Sus Hijos, y se te habrá contestado.

No creer es estar en contra, o atacar. Creer es aceptar, y también ponerse de parte de aquello que aceptas. Creer no es ser crédulo, sino aceptar y apreciar. No puedes apreciar aquello en lo que no crees ni puedes sentirte agradecido por algo a lo que no le atribuyes valor. Por juzgar se tiene que pagar un precio porque juzgar es fijar un precio. Y el precio que fijes es el que pagarás.

Si pagar se equipara con obtener, fijarás el precio bajo, pero exigirás un alto rendimiento. Te habrás olvidado de que poner precio es evaluar, de tal modo que el rendimiento que recibes es directamente proporcional al valor atribuido. Por otra parte, si pagar se asocia con dar no se puede percibir como una pérdida, y la relación recíproca entre dar y recibir se reconoce. En este caso se fija un precio alto debido al valor del rendimiento. Por obtener hay que pagar un precio: se pierde de vista lo que tiene valor, haciendo inevitable el que no estimes lo que recibes. Al atribuirle poco valor, no lo apreciarás ni lo desearás.

Nunca te olvides, por consiguiente, de que eres tú el que determina el valor de lo que recibes, y el que fija el precio de acuerdo con lo que das. Creer que es posible obtener mucho a cambio de poco es creer que puedes regatear con Dios. Las leyes de Dios son siempre justas y perfectamente consistentes. Al dar, recibes. Pero recibir es aceptar, no tratar de obtener algo. Es imposible no tener, pero es posible que no sepas que tienes. Estar dispuesto a dar es reconocer que tienes, y sólo estando dispuesto a dar puedes reconocer lo que tienes. Lo que das, por lo tanto, equivale al valor que le has adjudicado a lo que tienes, al ser la medida exacta del valor que le adjudicas. Y esto, a su vez, es la medida de cuánto lo deseas.

Así pues, sólo puedes pedirle algo al Espíritu Santo dándole algo, y sólo puedes darle algo allí donde lo reconoces. Si reconoces al Espíritu Santo en todos, imagínate cuánto le estarás pidiendo y cuánto habrás de recibir. Él no te negará nada porque tú no le habrás negado nada a Él, y de este modo podrás compartirlo todo. Ésta es la manera, y la única manera, de disponer de Su respuesta porque Su respuesta es lo único que puedes pedir y lo único que puedes desear. Dile, pues, a todo el mundo:

Puesto que mi voluntad es conocerme a mí mismo,
te veo a ti como el Hijo de Dios y como mi hermano.

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