martes, 3 de noviembre de 2015

Un Curso en Milagros en el Colegio de Salvington. Capítulo 8. EL VIAJE DE RETORNO. El tesoro de Dios. (Parte 1). Michael de Nebadon. ¡Compartir!!!


Considera la brisa que sopla en el aire del medio día. ¿Qué es lo que mueve los vientos de la brisa? ¿En dónde encontraremos el poder que nos motiva que es la base fundamental para todo movimiento y toda realidad relativa?

¿Quién respira? ¿En dónde has estado antes de llegar en esta vida? ¿A qué propósito debes servir aquí?... ¿Cuál es el significado y valor de tu vida aquí en una túnica de carne? ¿En dónde estarás después de esta vida de posibilidades que se despliegan?

Nuestra Asociación conjunta será la guía siempre, un punto de luz sobre tu camino, libertad y actualización….

Porque Me encontrarás como la palabra más sutil que sostiene toda Vida en todas partes. Descúbreme en los rayos del Sol que se ubica encima del Sistema Solar de la Vida. Las fibras del Sol que se esparcen ellas mismas a todo orbe  planetario de este sistema son también Mis túnicas permitiéndome aparecer visiblemente para que todos vean, saboreen, toquen y beban en su alma.

Micael Sananda Esu.



Capítulo 8
EL VIAJE DE RETORNO
El tesoro de Dios (Parte 1)

Somos la voluntad unida de la Filiación, cuya plenitud es para todos. Comenzamos nuestra jornada de regreso juntos, y, según avanzamos juntos, congregamos a nuestros hermanos. Cada aumento de nuestra fuerza se lo ofrecemos a todos, para que ellos puedan también superar su debilidad y añadir su fuerza a la nuestra. Dios nos espera a todos con los Brazos abiertos, y nos dará la bienvenida tal como yo te la estoy dando a ti. No dejes que nada en el mundo haga que te olvides del Reino de Dios.

El mundo no puede añadirle nada al poder y a la gloria de Dios y de Sus santos Hijos, pero si Sus Hijos ponen su atención allí, el mundo puede cegarlos e impedir que vean al Padre. Tú no puedes ver el mundo y conocer a Dios. Sólo Uno de ellos es verdad. He venido a decirte que no es a ti a quien corresponde decidir cuál de ellos lo es. Si lo fuese, ya te habrías destruido a ti mismo. Mas Dios no dispuso la destrucción de Sus creaciones, pues las creó para toda la eternidad. Su Voluntad te ha salvado, no de ti mismo, sino de la ilusión de ti mismo. Dios te ha salvado para ti mismo.

Glorifiquemos a Aquel que el mundo niega, pues el mundo no tiene poder alguno sobre Su Reino. Nadie que Dios haya creado puede encontrar dicha en nada excepto en lo eterno, no porque se le prive de todo lo demás, sino porque nada más es digno de él. Lo que Dios y Sus Hijos crean es eterno, y en esto y sólo en esto, radica Su dicha.

Escucha la parábola del hijo pródigo, y aprende cuál es el tesoro de Dios y el tuyo: el hijo de un padre amoroso abandonó su hogar y pensó que había derrochado toda su fortuna a cambio de cosas sin valor, si bien no había entendido en su momento la falta de valor de las mismas. Le daba vergüenza volver a su padre porque pensaba que lo había herido. Mas cuando regresó a casa, su padre lo recibió jubilosamente toda vez que el hijo en sí era su tesoro. El padre no quería nada más.

Lo único que Dios desea es Su Hijo porque Su Hijo es Su único tesoro. Tú deseas tus creaciones tal como Él desea las Suyas. Tus creaciones son tu regalo a la Santísima Trinidad, creadas como muestra de agradecimiento por tu propia creación. Tus creaciones no te han abandonado, de la misma manera en que tú tampoco has abandonado a tu Creador, sino que extienden tu creación de la misma forma en que Dios Se extendió a sí mismo hasta ti. ¿Pueden acaso las creaciones de Dios derivar dicha de lo que no es real? ¿Y qué es real sino las creaciones de Dios y aquellas que son creadas como las Suyas? Tus creaciones te aman tal como tú amas a tu Padre por el regalo de tu creación. Ningún otro regalo es eterno, y, por lo tanto, ningún otro regalo es verdadero. ¿Cómo entonces ibas a poder aceptar cualquier otra cosa o dar cualquier otra cosa y esperar dicha a cambio? ¿Y qué otra cosa podrías desear sino la dicha? Tú ni te hiciste a ti mismo ni hiciste tu función. Lo único que hiciste fue tomar la decisión de ser indigno de ambas cosas. Pero no puedes hacerte indigno porque eres el tesoro de Dios, y lo que para Él tiene valor es valioso. No se puede poner en duda su valor, pues éste reside en el hecho de que Dios se compartió a Sí Mismo con él, estableciendo así su valor para siempre.

  
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“YO SOY el Fuego Blanco Puro de  la Perfección de Cristo en mí”
Lucía Montaño Ferrer