jueves, 18 de febrero de 2016

UN CURSO DE MILAGROS DEL COLEGIO SALVINGTON. CAPÍTULO 11. DIOS O EL EGO. El despertar a la redención (Parte 1). Micael de Nebadon. ¡Compartir!!



El Conocimiento es absoluto. No puede cambiar, mientras la percepción es una interpretación subjetiva y una acumulación en el mundo cambiante. El conocimiento es Verdad, bajo una ley, la Ley del Amor o Dios. La Verdad es inalterable, eterna sin ambigüedad. Puede que no sea reconocida, pero no puede ser cambiada. Aplica para todo lo que Dios ha creado, y solamente lo que Él ha creado es real. Está más allá del aprendizaje porque está más allá del proceso y el tiempo. No tiene opuestos; ni principio ni fin. Simplemente es.

El mundo de percepción, por otra parte, es el mundo del tiempo, de cambio, de comienzos y finales. Está basado en la interpretación, no en hechos. Es el mundo de nacimiento y muerte, fundamentado en la creencia de la escasez, pérdida, separación y muerte. Es aprendido en lugar de facilitado, selectivo en su énfasis perceptual, inestable en su funcionamiento, inexacto en sus interpretaciones.

Un Curso en Milagros y Micael de Nebadon.


CAPÍTULO 11
DIOS O EL EGO
El despertar a la redención (Parte 1)

Es imposible no creer en lo que ves, pero es igualmente imposible ver lo que no crees. La percepción se construye sobre la base de la experiencia, y la experiencia conduce a las creencias. La percepción no se estabiliza hasta que las creencias se cimientan. De hecho, pues, lo que ves es lo que eres. Eso es lo que quise decir con: "Dichosos los que sin ver creyeron", pues aquellos que creen en la resurrección la verán. La resurrección es el triunfo definitivo de Cristo sobre el ego, no atacándolo sino transcendiéndolo. Pues Cristo ciertamente se eleva por encima del ego y de todas sus "obras", y asciende hasta el Padre y Su Reino.

¿Qué prefieres, unirte a la resurrección o a la crucifixión? ¿Condenar a tus hermanos o liberarlos? ¿Te gustaría transcender tu prisión y ascender hasta el Padre? Estas preguntas son todas la misma y se contestan al unísono. Ha habido mucha confusión con respecto a lo que significa la percepción, debido a que la palabra se usa con el significado de "conciencia" y también con el de "interpretación de la conciencia". No obstante, no puedes ser consciente sin interpretar, pues lo que percibes es tu propia interpretación.

Este curso es muy claro. Si no lo ves así, es porque estás haciendo interpretaciones contra él, y, por lo tanto, no crees lo que dice. Y puesto que lo que crees determina tu percepción, no percibes el significado del curso y, consecuentemente, no lo aceptas. Con todo, diferentes experiencias conducen a diferentes creencias, y a través de éstas, a diferentes percepciones. Pues las percepciones se aprenden mediante creencias, y la experiencia ciertamente enseña. Te estoy conduciendo a una nueva clase de experiencia que cada vez estarás menos dispuesto a negar. Aprender de Cristo es fácil, pues percibir con Él no entraña ningún esfuerzo. Sus percepciones son tu conciencia natural, y lo único que te fatiga son las distorsiones que introduces en ésta. Deja que sea el Cristo en ti Quien interprete por ti, y no trates de limitar lo que ves con creencias pueriles indignas del Hijo de Dios. Pues hasta que Cristo no sea aceptado completamente, el Hijo de Dios se considerará a sí mismo huérfano.

Yo soy tu resurrección y tu vida. Vives en mí porque vives en Dios. Y todos tus hermanos viven en ti, tal como tú vives en cada uno de ellos. ¿Cómo ibas a poder, entonces, percibir indignidad en un hermano sin percibirla en ti mismo? ¿Y cómo ibas a poder percibirla en ti mismo sin percibirla en Dios? Cree en la resurrección porque ésta ya se ha consumado, y se ha consumado en ti. Esto es tan cierto ahora como lo será siempre, pues la resurrección es la Voluntad de Dios, Quien no sabe de tiempo ni de excepciones. Pero no hagas excepciones, o, de lo contrario, no percibirás lo que se ha consumado para ti. Pues ascendemos hasta el Padre juntos, como fue en un principio, como es ahora y como será siempre, pues ésa es la naturaleza del Hijo de Dios tal como su Padre lo creó.

No subestimes el poder de la devoción del Hijo de Dios, ni el poder que el dios al que venera ejerce sobre él pues el Hijo de Dios se postra ante el altar de su dios, tanto si es el dios que él inventó como si es el Dios que lo creó a él. Por eso es por lo que su esclavitud es tan total como su libertad, pues obedecerá únicamente al dios que acepte. El Dios de la crucifixión exige que él crucifique, y sus devotos le obedecen. Se crucifican a sí mismos en su nombre, creyendo que el poder del Hijo de Dios emana del sacrificio y del dolor. El Dios de la resurrección no exige nada, pues no es Su Voluntad quitarte nada. No exige obediencia, pues la obediencia implica sumisión. Lo único que quiere es que te des cuenta de cuál es tu voluntad y que la hagas, no con un espíritu de sacrificio y sumisión, sino con la alegría de la libertad.

La resurrección no puede sino atraerte irresistiblemente a que le ofrezcas tu lealtad con agrado porque es el símbolo de la dicha. Su irresistible poder reside en el hecho de que representa lo que tú quieres ser. La libertad de abandonar todo aquello que te hiere, te humilla y te atemoriza no se te puede imponer, pero se te puede ofrecer a través de la gracia de Dios. Y tú puedes aceptarla mediante Su gracia, pues Dios es misericordioso con Su Hijo y lo acepta sin reservas como Suyo. ¿Quién es, entonces, tuyo? El Padre te ha dado todo lo que es Suyo, y Él Mismo es tuyo junto con todos tus hermanos. Protégelos en su resurrección, pues, de lo contrario, no despertarás en Dios, rodeado de la seguridad de lo que es tuyo para siempre.




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Micael de Nebadon
Micael Sananda Esu
Espíritu de la Verdad, Santo Consolador

FAMILIA UNIVERSAL DE CRISTO MICAEL
Y EL ESPIRITU DE LA MADRE, NEBADONIA

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