martes, 31 de mayo de 2016

CURSO EN MILAGROS DE SALVINGTON. CAPÍTULO 13. EL MUNDO INOCENTE. El inocente Hijo de Dios. Micael de Nebadon. ¡Compartir!!!



Adora y reconoce la perfección del Padre que es tu Vida… sin embargo también debes aceptar y hacerte consciente de tu propias imperfecciones personales… Comprendiendo las V’s (Visión, Virtudes, Valores, Verdades, Convalidaciones (Validations), Victorias).

Comprender el Protocolo Universal de los Circuitos Infinitos del Paraíso. A través de los cuales viajarás a través del gran abismo de la mortalidad hacia la inmortalidad.

Comprender, aplicar y luego vivir de una nueva forma es lo que te ofrezco… de acuerdo con tu Autoridad… Tu Autoría. Estos Siete Poderes para que escribas tu destino actualizándolo.

… mientras preguntas y permites… Yo caminaré en un esfuerzo más concertado contigo… ayudando a cada uno a aplicar el Espejo de los Velos en la Paternidad Primordial Una de Dios.
                                     
Cristo Micael de Nebadon




CAPÍTULO 13
EL MUNDO INOCENTE
El inocente Hijo de Dios

El propósito fundamental de la proyección es siempre deshacerse de la culpabilidad. Pero el ego, como de costumbre, trata de deshacerse de la culpabilidad exclusivamente desde su punto de vista, pues por mucho que él quiera conservar la culpabilidad, a ti resulta intolerable, toda vez que la culpabilidad te impide recordar a Dios, Cuya atracción es tan fuerte que te es irresistible. En este punto, pues, se produce la más profunda de las divisiones, pues si has de conservar la culpabilidad, tal como insiste el ego, tú no puedes ser tú mismo. Sólo persuadiéndote de que tú eres él podría el ego inducirte a proyectar la culpabilidad y de ese modo conservarla en tu mente.

Observa, sin embargo, cuán extraña es la solución que el ego ha urdido. Proyectas la culpabilidad para deshacerte de ella, pero en realidad estás simplemente ocultándola. Experimentas culpabilidad, pero no sabes por qué. Al contrario, la asocias con un extraño surtido de "ideales del ego", en los que, según él, le has fallado. Sin embargo, no te das cuenta de que a quien le estás fallando es al Hijo de Dios al considerarlo culpable. Al creer que tú ya no eres tú, no te das cuenta de que te estás fallando a ti mismo.

La más tenebrosa de las piedras angulares que ocultas, mantiene tu creencia en la culpabilidad fuera de tu conciencia, pues en ese lugar tenebroso y secreto yace el reconocimiento de que has traicionado al Hijo de Dios al haberlo condenado a muerte. Tú ni siquiera sospechas que esta idea asesina, aunque demente, yace ahí oculta, pues las ansias destructivas del ego son tan intensas que sólo la crucifixión del Hijo de Dios puede, en última instancia, satisfacerle. No sabe quién es el Hijo de Dios porque es ciego. Mas permítele percibir inocencia en cualquier parte, y tratará de destruirla debido a su miedo.

Gran parte del extraño comportamiento del ego se puede atribuir directamente a su definición de la culpabilidad. Para el ego, los inocentes son culpables. Los que no atacan son sus "enemigos" porque, al no aceptar su interpretación de la salvación, se encuentran en una posición excelente para poder abandonarla. Se han aproximado a la piedra angular más recóndita y tenebrosa de los cimientos del ego, y si bien el ego puede tolerar que pongas en duda todo lo demás, este secreto lo guarda con su vida, pues su existencia depende de que él siga guardando dicho secreto. Por lo tanto, es este secreto lo que tenemos que examinar, pues el ego no puede protegerte de la verdad, y en presencia de ésta él se desvanece.

En la serena luz de la verdad, reconozcamos que crees haber crucificado al Hijo de Dios. No has admitido este "terrible" secreto porque todavía desearías crucificarlo si pudieses encontrarlo. No obstante, este deseo ha hecho que el Hijo de Dios se mantenga oculto de ti, ya que es un deseo aterrante, y, por lo tanto, temes encontrarlo. La manera en que has lidiado con este deseo de matarte es desconociendo tu identidad e identificándote con lo que no eres. Has proyectado la culpabilidad ciega e indiscriminadamente, pero no has podido descubrir su fuente. Pues el ego quiere destruirte, y si te identificas con él no podrás sino creer que su objetivo es también el tuyo.

He dicho que la crucifixión es el símbolo del ego. Cuando el ego se enfrentó con la verdadera inocencia del Hijo de Dios intentó darle muerte, y la razón que adujo fue que la inocencia es una blasfemia contra Dios. Para el ego, el ego es Dios, y la inocencia tiene que ser interpretada como la máxima expresión de culpabilidad que justifica plenamente el asesinato. Todavía no entiendes que cualquier miedo que puedas experimentar en conexión con este curso procede, en última instancia, de esa interpretación, pero si examinases las reacciones que éste suscita en ti, te convencerías cada vez más de que eso es cierto.

Este curso ha afirmado explícitamente que su objetivo es tu felicidad y tu paz. A pesar de ello, le tienes miedo. Se te ha dicho una y otra vez que te liberará, no obstante, reaccionas en muchas ocasiones como si estuviese tratando de aprisionarte. A menudo lo descartas con mayor diligencia de la que empleas para descartar los postulados del ego. En cierta medida, pues, debes creer que si no aprendes el curso te estás protegiendo a ti mismo. Y no te das cuenta de que lo único que puede protegerte es tu inocencia.

La Expiación se ha interpretado siempre como lo que libera de la culpabilidad, y esto es cierto si se entiende debidamente. No obstante, incluso si yo te interpreto lo que es, puede que la rechaces y no la aceptes para ti mismo. Tal vez hayas reconocido la futilidad del ego y de sus ofrecimientos, pero aunque no los deseas, puede que todavía no contemples la alternativa con agrado. En última instancia, tienes miedo de la redención y crees que te aniquilaría. No te engañes con respecto a la intensidad de ese miedo, pues crees que, en presencia de la verdad, puedes volverte contra ti mismo y destruirte.

Criatura de Dios, eso no es así. Ese "secreto por el que te sientes culpable" no es nada, y si lo sacas a la luz, la Luz lo desvanecerá. No quedará entonces ninguna nube tenebrosa que pueda interponerse entre ti y el recuerdo de tu Padre, pues recordarás a Su inocente Hijo, que no murió porque es inmortal. Y te darás cuenta de que fuiste redimido junto con él y de que nunca has estado separado de él. El que puedas recordar depende de que comprendas esto, pues ello implica que has reconocido el amor sin miedo. Con ocasión de tu vuelta a casa se producirá un gran júbilo en el Cielo y el júbilo será tuyo. Pues el hijo redimido del hombre es el Hijo inocente de Dios, y reconocerlo es tu redención.



  
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Micael Sananda Esu
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