martes, 6 de septiembre de 2016

UN CURSO EN MILAGROS. CAPÍTULO 14. LAS ENSEÑANZAS EN FAVOR DE LA VERDAD. El circulo de la Expiación. Micael de Nebadon / Micael Sananda Esu - Espíritu de la Verdad, Santo Consolador. ¡Compartir!!!



Todo lo que observas, degustas, tocas, escuchas e interactúas con… éstos simplemente son los efectos efímeros que sobreviven en tu mundo porque alimentas sus efectos con el poder creativo de tu atención.

Tu atención consciente es la instrumentación creativa de la Vida del Espíritu Otorgado del Paraíso… la Consciencia Viva de la Consciencia de la Primera Causa Universal.

Reúne tu ingenio. Toma posesión de tus corrientes creativas y enfoque consciente. Comienza a generar una nueva dirección de tu destino Absoluto…

Micael de Nebadon



CAPÍTULO 14
LAS ENSEÑANZAS EN FAVOR DE LA VERDAD
El circulo de la Expiación

La única parte de tu mente que es real es la parte que aún te vincula con Dios. ¿Te gustaría que toda ella fuese transformada en un radiante mensaje del Amor de Dios para ser compartido con todos los que se sienten solos por haber negado a Dios? Dios hace que esto sea posible. ¿Cómo ibas a negarle Su anhelo de que se le conozca? Tú anhelas estar con Él, tal como Él anhela estar contigo. Esto es eternamente inalterable. Acepta, pues, lo inmutable. Deja el mundo de la muerte atrás, y regresa al Cielo en paz. Aquí no hay nada que tenga valor; todo lo que tiene valor se encuentra en el Cielo. Escucha al Espíritu Santo, y a Dios a través de Él. Él te habla de ti. No hay culpabilidad en ti, pues Dios se encuentra bendecido en Su Hijo, tal como el Hijo se encuentra bendecido en el Padre.

Todo el mundo tiene un papel especial en la Expiación, pero el mensaje que se le da a cada uno de ellos es siempre el mismo: El Hijo de Dios es inocente. Cada uno enseña este mensaje de modo diferente, y lo aprende de modo diferente. Pero hasta que no lo enseñe y lo aprenda, tendrá la vaga conciencia de que no está llevando a cabo su verdadera función, y no podrá por menos que sufrir por ello. La carga de la culpabilidad es pesada, pero Dios no quiere que sigas atado a ella. Su plan para tu despertar es tan perfecto como el tuyo es falible. Tú no sabes lo que haces, pero Aquel que sabe está contigo. Tuya es Su dulzura, y todo el amor que compartes con Dios Él lo ha salvaguardado para ti. Él sólo quiere enseñarte a ser feliz.

¡Bendito Hijo de un Padre que bendice sin reservas, el júbilo fue creado para ti! ¿Quién puede condenar a quien Dios ha bendecido? No hay nada en la Mente de Dios que no comparta Su radiante inocencia. La creación es la extensión natural de la perfecta pureza. Tu única misión aquí es dedicarte plenamente, y de buena voluntad, a la negación de todas las manifestaciones de la culpabilidad. Acusar es no entender. Los felices aprendices de la Expiación se convierten en los maestros de la inocencia, la cual es el derecho de todo lo que Dios creó. No les niegues lo que les corresponde, pues no se lo estarías negando sólo a ellos.

El Hijo de Dios tiene derecho a heredar el Reino, el cual se le dio en su creación. No trates de robárselo, pues estarás buscándote culpabilidad y no podrás sino experimentarla. Protege su pureza contra cada pensamiento que quisiera robársela y ocultarla de sus ojos. Lleva la inocencia a la luz, en respuesta a la llamada de la Expiación. Nunca permitas que la pureza permanezca oculta, sino que, por el contrario, descorre con tu luz los pesados velos de culpabilidad tras los cuales el Hijo de Dios se ha ocultado a sí mismo de sus propios ojos.

Aquí todos estamos unidos en la Expiación, y no hay nada más en este mundo que pueda unirnos. Así es como desaparecerá el mundo de la separación, y como se restablecerá la plena comunicación entre Padre e Hijo. El milagro reconoce la inocencia que tiene que haberse negado para que se haya producido la necesidad de curación. No niegues este jubiloso reconocimiento, pues toda esperanza de felicidad y de liberación de cualquier tipo de sufrimiento reside en él. ¿Hay alguien que no desee liberarse del dolor? Tal vez no haya aprendido todavía cómo intercambiar la culpabilidad por la inocencia, ni se haya dado cuenta de que sólo mediante este intercambio se puede liberar del dolor. Aun así, aquellos que no han aprendido necesitan que se les enseñe, no que se les ataque. Atacar a los que necesitan que se les enseñe es perder la oportunidad de poder aprender de ellos.

Los maestros de la inocencia, cada uno a su manera, se han unido para desempeñar el papel que les corresponde en el programa de estudios unificado de la Expiación. Aparte de este programa, no hay nada más que tenga un objetivo de enseñanza unificado. En este programa de estudios no hay conflictos, pues sólo tiene un objetivo, no importa cómo se enseñe. Todo esfuerzo que se haga en su favor se le ofrece a la eterna gloria de Dios y de Su creación con el solo propósito de liberar de la culpabilidad. Y cada enseñanza que apunte en esa dirección apunta directamente al Cielo y a la paz de Dios. No hay dolor, pruebas o miedo que esta enseñanza no pueda vencer. El poder de Dios Mismo la apoya y garantiza sus resultados ilimitados.

Une tus esfuerzos al poder que no puede fracasar y sólo puede conducir a la paz. No hay nadie a quien una enseñanza como esta no le conmueva. No te sentirás excluido del poder de Dios si te dedicas a enseñar sólo esto. No estarás exento de los efectos de esta santísima lección, que sólo se propone restablecer lo que constituye el derecho de la creación de Dios. Todo aquel a quien liberes de la culpabilidad te mostrará tu inocencia. El círculo de la Expiación es infinito. Y con cada hermano que incluyas dentro de los confines de seguridad y perfecta paz de dicho circulo, tu confianza de que estás incluido y a salvo dentro del mismo aumentará.

¡Que la paz sea, pues, con todos los que se convierten en maestros de paz! Pues la paz es el reconocimiento de la pureza perfecta, de la que nadie está excluido. Dentro de su santo círculo se encuentran todos los que Dios creó como Su Hijo. El júbilo es su atributo unificador, y no deja a nadie afuera solo, sufriendo el dolor de la culpabilidad. El poder de Dios atrae a todos hacia la seguridad que ofrece su regazo de amor y unión. Ocupa quedamente tu puesto dentro del círculo, y atrae a todas las mentes torturadas para que se unan a ti en la seguridad de su paz y de su santidad. Mora a mi lado dentro de él, como maestro de la Expiación y no de la culpabilidad.

Bendito seas tú que enseñas esto conmigo. Nuestro poder no emana de nosotros, sino de nuestro Padre. En nuestra inocencia lo conocemos a Él, tal como Él sabe que somos inocentes. Yo estoy dentro del círculo, llamándote a que vengas a la paz. Enseña paz conmigo, y álzate conmigo en tierra santa. Recuerda por todos el poder que tu Padre les ha otorgado. No pienses que no puedes enseñar Su perfecta paz. No permanezcas afuera, sino únete a mí adentro. No dejes de cumplir el único propósito al que mi enseñanza te exhorta. Devuélvele a Dios Su Hijo tal como Él lo creó, enseñándole que es inocente.

La crucifixión no jugó ningún papel en la Expiación. Sólo la resurrección lo hizo y esa fue mi contribución. La resurrección es el símbolo de la liberación de la culpabilidad por medio de la inocencia. Tú crucificarías a todo aquel a quien percibes como culpable. Mas le devuelves la inocencia a todo aquel a quien consideras inocente. La crucifixión es siempre la meta del ego, que considera a todo el mundo culpable, y mediante su condenación procura matar. El Espíritu Santo sólo ve inocencia, y mediante Su dulzura Él desea liberarte del miedo y re-establecer el reino del amor. El poder del amor reside en Su dulzura, que es de Dios y, por lo tanto, no puede crucificar ni ser crucificada. El templo que restauras se convierte en tu altar, pues fue reconstruido a través de ti. Todo lo que le das a Dios es tuyo. Así es como Él crea, y así es como tú debes restaurar.

A todo aquel que ves, o bien lo ubicas dentro del santo circulo de la Expiación o bien lo dejas afuera, juzgándolo como que merece ser crucificado o redimido. Si lo incluyes dentro del círculo de pureza, descansarás allí con él. Si lo excluyes, te quedas afuera con él. No juzgues, excepto desde una quietud que no emana de ti. Niégate a aceptar que alguien pueda estar exento de la bendición de la Expiación y condúcelo a ésta bendiciéndolo. La santidad tiene que ser compartida, pues en ello radica todo lo que la hace santa. Ven gustosamente al santo círculo y contempla en paz a todos los que creen estar excluidos. No excluyas a nadie del círculo porque en él se encuentra lo que tu hermano y tú estáis buscando. Ven, unámonos a él en el santo lugar de paz en el que nos corresponde estar a todos, unidos cual uno solo dentro de la Causa de la paz.




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Micael de Nebadon
Enseñanzas del Espíritu de la Verdad, Santo Consolador
                                                                                  
                                                                                   
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